Entré en la habitación, y recuerdo que tu perfume mataba, me quemaba la garganta y el corazón. Estabas sentado frente a la ventana, en un sillón de cuero, y no decías nada, sólo intercambiábamos miradas. Podría haber apostado a que querías comerme con el pensamiento, yo sólo a besos. Las ansias tenían forma de cuerpos, que bailaban frente a nosotros, bailaban en silencio. Fumabas un cigarrillo, era exactamente como me gustaba verte. Te veías fuerte, y sé que te gustaba verme así también. Era una inmensa libertad de deseos, y la noche era su consecuencia. Estamos aquí frente a la ventana nuevamente, viendo a ese montón de personas que creen saber lo que quieren. Y así, por lo menos, nosotros sabemos lo que queremos, sabíamos, o pretendíamos saber, que queríamos el corazón del otro.
04 agosto, 2011
Está bien, lo acepto: Soy una nena. Exacto, al estar contigo me convierto en esa nena que viaja a un mundo donde platica con hadas y juega con duendes; un lugar donde el sol tiene sabor y las nubes chismean. Vos sos un mundo completamente paralelo al mío, y al estar contigo he probado un poco de ese mundo. Estar contigo... Cosa que odio: Ir caminando juntos y que me llevés a paso acelerado. ¿Sabés cómo se manchan mis botitas y mi vestidito? También creo que te gusta verme así tranquila y con el cabello alborotado. Puedo soñar muchas cosas cosas a la vez, pero sólo junto a vos, ya ves. Es simpática la manera en que me tratás, es que siempre me andás protegiendo y cuidando desde lejos. Siempre usás las palabas como salvavida a mis pasos y a todo lo que hago. Soy una nena; vos, un monstruo. Gracioso resulta todo esto. Te amo, mi monstruito.
02 agosto, 2011
Ciudad

Una noche más, acá me encuentro entre monstruos de cemento que ríen y atacan con luces. Una noche más me dedico a caminar y a pensar, más bien, mi cuerpo es el que camina, mientras que mi corazón y mente… ya no sé dónde están, no sé por dónde andan viajando, seguro andan por ahí en ilusiones y montañas, y no rondando por estos castillos infelices y deslumbrantes. A estos monstruos les ha llegado la hora, cae sobre ellos un manto negro, atacan las luces de nuevo, la gente sonríe y empieza la fiesta. A las personas los arrasan los deseos sobre sus cuerpos, caen en algún par de ojos. Ellos esperan todo de la noche, ¿y si ella no quiere darles lo que quieren o lo que buscan? No les importa. Por mi parte, un café y un libro son suficientes. No espero más, ni quiero menos. Ya no espero nada de la noche, si sólo durará un momento, en un abrir y cerrar de ojos desaparecerá, porque ella ha salido a festejar y a ser libre, ¿para qué retenerla esperando que cumpla nuestros deseos? En doce horas no estará más aquí. Una noche más. Camino, tomo un sorbo de café y me siento, veo a vidas pasar. Saco un cigarrillo, y antes de ahogarle mis deseos a la noche prefiero arrogarlos al viento.
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