28 enero, 2011
Tú, corazón.
Tú, un cuarto grande, inmenso...el cual yo ayer pude observar desde el pasillo. Lo miré con admiración y me acerqué más, más, más, más....me jacté de un trozo de papel desgarrado y sucio colgando de esa puerta, vieja. Mi curiosidad me mandó a tocar la puerta y obedecí. Toqué a la puerta; después, tú con una inmensa alegría llegaste a abrirla, tu puerta. Me invitaste a pasar, entré segura. Al entrar, lo primero que vi fue el dicho cuarto partido por la mitad, haciendo dos cuartos dentro del cuartote. Pregunté la razón y con tu hermosa voz, me respondiste que en una se guardaba la alegría, el sentimiento, la vida casi completa. Y en el otro, la tristeza y el sufrimiento. Asombrada, a simple vista, observé que era el espacio del cual más propiedad tenía en la habitación, el sufrimiento. Pude haberme quedado helada, pero a la vez sentí una gran satisfacción que me recorrió al querer entrar y conocer aquello que abarcaba cada división, cada cuarto. Volteé a verte y sonreí, sonreíste también y con esa hermosa voz tan propia, sólamente tuya, me dijiste que era bienvenida y...volviste a ronreír. (Lo que nunca supo fue cuánto y cómo me gustaba verlo sonreír). Preguntaste cuál quería conocer primero.....Yo siempre con la sonrisa atravezada, entré al cuarto de la alegría y el sentimiento. Entré con la fascinación a flor de piel y pude observar a tus amistades, tu familia, tus cumpleaños, fiestas, amor, paz, risas....Era profundamente hermoso ver aquellos recuerdos vivos, de los más alegre y emocionante que ocurrió junto a ti. Después de ver todo, te volteaste, acariciaste mi mejilla y señalaste aquellos recuerdos, vivos en el presente, y....(sí, tal vez, quise ser parte de esto. Aunque sabía que no. Yo lo sabía). De pronto recorde el otro cuarto y sentí mi famosa curiosidad al querer conocer qué motivos pudieron opacar, en momentos, tanta felicidad. Así que, di media vuelta, contigo atrás....en la búsquedad de aquel cuarto. Salí de ese profundo y encantador pedazo y entré en el otro, ese. Lo primero que pude ver al entrar fue una gran pared gris; estaba coloreando su soledad, pero, aún así, eso no capto tanto mi atención, como lo hizo oír un llanto e ir a buscarle, ver de dónde venía, de quién. Cuando empezé a andentrarme en el cuarto, éste se fue transformando en un camino de piedrín, con jardínes adornando el paso y el cielo dándole mucha más vida a aquel paisaje, con un atardecer. Seguí entrando, siguiendo el camino de piedrín; a lo lejos pude ver a alguien allí plasmado, sentado en el piedrín, y pues descrubí que "eso" lloraba; pude descubrir de dónde venía el llanto. Al notarlo empezé a caminar más, más, más y más rápido, hasta darme cuenta que corría; la curiosidad me hacía sentir inquieta. Pero en ese momento sentí algo que me detuvo y me percaté de tus brazos aferrándose a mí....dándome la vuelta, me dijiste que mirara al cielo, ese atardecer, que eso representaba un amor a medias, un amor que jamás tuvo fin pero, sin embargo, estuvo a punto de tenerlo, una historia escrita a medias sin saber el final o, tan siquiera, haberlo imaginado. También eso significaba el llanto, el haber amado tanto en vano. Quedé varada en un espacio vacío, me volteé y observe el llanto a lo lejos, y sólo escuché tu voz diciéndome que fue un amor frustrado, un amor sufriendo en silencio y que no necesitaba ser perturbado por algo o alguien. Asentí y di media vuelta viendo aún lo que me rodeaba y terminando en tus ojos, frente a ti, respiré profundo y cerré los ojos sintiendo nada más que tus labios en forma de beso sobre mi frente y tu mano entrelazándose con la mía. Abrí los ojos y sentí como me jalabas hacia atrás para regresar y negándome la idea de conocer más allá. Así que, vencida, te seguí hasta la puerta, salimos pudiendo ver los dos cuartos, otra vez. Un lágrima, ella acaricio mi mejilla. (Hoy le sigo dando gracias por haber sigo tan dulce). Me abrazaste y en mi oído susurraste, un susurro seco. (recuerdo) diciendo: VETE. Así que, mi opción fue salir desilucionada y caminé sin voltear atrás, tan solo oyendo un ácido (que literalmente quemó como ácido) y fuerte golpe, un portazo. Cerrándome la opción a volver. (Lo entendí perfectamente).
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