Aquí en mi cama, de madrugada, leyéndote. Termino y recuerdo tus palabras. Me quema el deseo de correr hacia ti, verte a las ojos (así sea la última vez) y decirte que no tenés porqué preocuparte por mí, que puedo manejar esto, que no me estás haciendo daño, que nada de lo que he leído cambiará la manera en que te vea, o el cariño que te tengo. Nada. Y te acepto así, te quiero así. Si me fascina leerte.
Que, que, que... No tengo palabras para expresarlo; eres una artista recuerdalo siempre.
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