27 diciembre, 2011

Un amor de año nuevo


Ella estaba sentada en el sillón viendo a todas esas almas disfrutar y bailar al ritmo de aquello que aquéllos llamaban música. Pensaba una y otra vez "¿Por qué demonios estoy aquí?". Veía su copa y ya no sabía cuántas veces se la había llenado con vino el señor del bar. Creía que no debía estar entre el humo, y muriendo en cada pensamiento o en cada movimiento. No confiaba en aquella reunión, esa que un gran motivo tenía, pero que no le interesaba. Celebrar un año más para ella no era embriagarse y festejar de esa manera, sino estar en familia y dar gracias. Sin embargo, ahí estaba lamentándose y pensando en el estúpido que había sido su año y en lo idiota que se había comportado un montón de veces. Todos esos lamentos, pensamientos no paraban de revolotear en su cabeza. Se acostó en el sillón y trató de borrar aquellas luces de colores que rebotaban con fuerza en las paredes, en el techo, en el piso y en quien se interponía en su camino. Quería olvidar todo. Entre el humo de cigarrillos, vió una mata de cabellos color negro asomarse por encima de su cabeza. La joven miraba aquella figura con atención; tenía ojos color miel, tez blanca y muy atractiv, pero no estaba segura de aquello, pues qué sabía después de un par de cigarros y muchas copas de vino. El joven le apartó las piernas obligándola a sentarse y tomó asiento junto a ella. Él se presentó, y comenzó a platicarle muy caballerosamente. Ella no sabía qué juego intentaba él, pero trató de seguirlo. Platicaron durante toda la noche. Ella realmente estaba soprendida de lo maravilloso que era aquél joven apuesto y un tanto misterioso: Le gustaba. Llegaron las 12:00. Todos salieron a la terraza a prescenciar el espectáculo de fuegos artificiales. Él la agarró de la mano y la llevó hacía afuera. Era algo realmente hermoso. Eran fuegos de colores bailando, apoderándose de la noche, dándole vida a la oscuridad. Ella volteó y lo miró, él veía al cielo y se deleitaba con aquellas luces de colores, que se reflejaban en sus ojos, que iluminaban su rostro. Ella sabía que era soprendente. Él se percató de la mirada de la joven sobre él, se le acercó y la besó. "Te preguntabas por qué demonios estabas aquí", le dijo él, muy tranquilo sonriendo. "Veniste porque ibas a conocerme. Y yo vine para conocerte a ti, sin saberlo. Y ahora no te dejaré ir, porque quiero empezar mi año contigo. ¿Estás dispuesta?". La joven lo veía algo desconcertada, pues no podía creer lo que estaba diciendo, aunque de alguna manera, tenía razón y sabía la respuesta a aquello tan loco y estúpido. "Sabes que esto es una locura, que no me conoces, y no te conozco... Estoy dispuesta". Ambos sabían que era algo estúpido conocerse así nada más y pensar en iniciar su año juntos, pero qué se esperaba si ambos estaban locos. Con el tiempo se fueron conociendo más y más, adentrándose más y más en el corazón del otro, y hoy saben lo que quieren. No se arrepienten de nada, y se aman hoy en día con locura y pasión.

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